martes 14 de abril de 2009

The World




El mundo en el Priorat, el mundo del Priorat, el Priorat dentro del mundo, el mundo dentro del Priorat.

lunes 24 de noviembre de 2008

El mundo de las porras



El pasado jueves pude experimentar de cerca el mundo de las porras. No hablo del mundo de las apuestas entre colegas, sino las porras policiales. Esos objetos contundentes revestidos de cuero negro que tano hemos visto en el cine y que algunos los aoscian con oscuras prácticas sexuales. En mi caso, los viví de cerca en una manifestación que me tocó cubrir (como testigo tenéis esta foto aparecida en "La Vanguardia" al día siguiente) y, como donde va mi cámara, allí que voy yo, pues ya me tenéis como un loco entre estudiantes gritones y mossos cabreados, repartiendo porrazos a diestro y siniestro. Por suerte, sigo entero e ileso. El mundo de las porras, es lo que tiene.

jueves 12 de junio de 2008

The Wasteland



APRIL is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.
Winter kept us warm, covering
Earth in forgetful snow, feeding
A little life with dried tubers.
Summer surprised us, coming over the Starnbergersee
With a shower of rain; we stopped in the colonnade,
And went on in sunlight, into the Hofgarten,
And drank coffee, and talked for an hour.
Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch.
And when we were children, staying at the archduke's,
My cousin's, he took me out on a sled,
And I was frightened. He said, Marie,
Marie, hold on tight. And down we went.
In the mountains, there you feel free.
I read, much of the night, and go south in the winter.
[...]

T.S. Eliot The Waste Land (1922)

lunes 9 de junio de 2008

El efecto "Dragan"




Esta foto me la hizo un amigo fotógrafo, que aunque amateur, se podría perfectamente dedicar a ello profesionalmente (sino, sólo hace falta visitar su blog: http://www.sensemirar.blogspot.com/). A continuación adjunto la misma foto pasada por el filtro "Dragan", tan en boga ultimamente (portadas de revista: George Clooney en Esquire, campañas de la DGT: Alex Crivillé, etc). Así, por obra y gracia del amigo Toni Tugues (Gracies, Toni), yo también tengo mi propia versión de efecto "Dragan":


jueves 15 de mayo de 2008

El viaje más largo



No hay duda de que lo lugares los hace la gente, y los viajes los hacen la compañía. Todos hemos experimentado alguna vez la necesidad de que un viaje durara lo más posible porque nuestro/a acompañante nos hacía las delicias del mismo o que se acabara lo más pronto posible para poder perder de vista la compañía. Bien, pues dentro de esta última experiencia hay que incluir a menudo el viaje más frecuente y cotidiano: el viaje en ascensor.
¿Qué pasa cuando cogemos el ascensor y lleva dentro a un pasajero, que además siempre viene a ser ese vecino con el que uno no sabe de qué hablar? Bien, el viaje, aunque sea sólo de dos pisos (no creo que nadie coja el ascensor por un sólo piso), se hace eterno. Al fin y al cabo, Einstein ya dijo que el tiempo era relativo (y elástico, añado yo).
Tras el educado "buenos días" de rigor, a uno no le queda mucho más que decir que la manida conversación sobre el tiempo. Esto estaría muy bien en un lugar como Gran Bretaña donde el clima da para mucho y más, pero en un país como el nuestro, el clima da para poco (o nada). En esos casos uno adopta esa postura corporal de no dar la espalda al otro, pero tampoco darle la cara, para no sentirse violento. Ese es el momento de encontrar ese horizonte infinito donde perder la vista y contar los pisos, como el tic-tac, hasta llegar al destino.
La única excepción de esta norma es cuando hay un niño en el ascensor, que entonces da el suficiente juego como para hacer más llevadero el viaje. Es entonces cuando sacamos nuestra vena paternal/maternal y le preguntamos cosas tan importantes como la edad o a qué curso va. Eso ya nos da un margen de tiempo suficiente como para hacerlo todo más soportable.
Yo sólo agradezco no vivir en el ático de un rascacielos porque si no la cosa se haría insoportable.

domingo 27 de abril de 2008

El misterio del café


Vivo en una ciudad moderna, cosmopolíta, multicultural, políglota, cool, trendy, fashion y mediterranea (entre otras cualidades que se le suponen a cualquier ciudad que esté orgullosa de sí misma y que quiera aparecer constantemente en esas biblias de la modernidad como Wallpaper. Mi ciudad pertenece a un país de sólida cultura cafetera, como lo puedan ser Roma, Viena o París.

Recientemente ha salido un estudio hecho por un periódico de la ciudad donde calcularon lo que costaba hacer un café para un barista: 0,13 euros. ¿Sorprendido/a? Deberias estarlo, porqué teniendo en cuenta que lo más barato que hoy en día he conseguido pagar por un triste cortado es 1,10 euros, los beneficios me hacen replantearme qué quiero ser de mayor. Cortado, por supuesto (así me sentiré muy valorado).

También tengo que decir que hasta ahora el record de precio que he tenido que pagar por tan beneficioso producto (que no sea en un hotel o similares) han sido 1,45 euros. Sé que por ahí han pagado hasta 1,80 euros ¡¡¡¡¡Por un cortado!!!!!!
Hace unos meses tuve la oportunidad de pasearme por la bella Roma. Hacía casi tres años que no iba y noté un significativo aumento en los precios de las cosas, y el café entre ellas. Un macchiato (lo más pareceido a nuestro cortado) me costó 1 euro. Me dolió porque la última vez, tres años atrás había pagado 0,70 euros, pero al menos sabes que hasta en el más infecto de los cuchitriles tienes garantías de tomarte un café que sabe a dioses.

A eso lo llamo yo un país con cultura de café, un país que siente orgullo de su comida y su bebida, unos baristas que se preocupan de que las máquinas estén bien ajustadas (y hecho por profesionales).

En canbio, aquí, donde la mayoría de bares y restaurantes hacen el café con las mismas cafeteras de fabricación italiana, nos están sirviendo agua sucia a precio de oro.

Antes, iba mirando donde iba a comerme un bocadillo o a comerme un menú porque según el sitio sabía que no me quería arriesgar. Ahora, hasta para el café me miro los cortados que sirven y como manejan la cafetera antes de decidirme a entrar y arriesgarme a pedir café.

Me gustaría que alguien me explicara hasta donde tengo derecho de negarme a beber (y pagar, claro) un cortado que sabe a todo menos a cortado. Si entro en un bar ya acepto lo que me vayan a cobrar porque hay siempre una lista de precios y si no me gusta pues me voy a otra parte, pero si encima está malo, ya es lo último de lo de "cornut i pagar el beure".

domingo 13 de abril de 2008

Estadísticas


Dicen las estadísticas que si tu te comes un pollo y yo no me como ninguno, los dos nos hemos comido medio pollo. Con esta fiabilidad, la mitad del mundo se morirá de hambre (cosa que ya pasa).Para darles un poco de fiabilidad, he encontrado una que no está hecha de números, sino de letras:

CONTRIBUCIÓN A LA ESTADÍSTICA (Wislawa Szymborska)

De cada cien personas,
las que todo lo saben mejor:
cincuenta y dos,
las inseguras de cada paso:
casi todo el resto,

las prontas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve,
las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma:
cuatro, o quizá cinco,

las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho,
las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete,

las capaces de ser felices:
como mucho, veintitantas,
las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro,

las crueles
cuando las circunstancias obligan:
eso mejor no saberlo
ni siquiera aproximadamente,

las sabias a posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori,
las que de la vida no quieren nada más que cosas:
cuarenta,
aunque quisiera equivocarme,

las encorvadas, doloridas
y sin linterna en lo oscuro:
ochenta y tres,
tarde o temprano,

las dignas de compasión:
noventa y nueve,
las mortales:
cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio.